Seguimos estancados

Dicha guerra cambió radicalmente las perspectivas sobre el crecimiento de la economía a nivel global, y a la fecha podemos decir que a lo largo de casi dos años el conflicto ha escalado de un lado y del otro, impactando a los mercados con volatilidad y estancamiento del crecimiento económico, obligando a los bancos centrales a reaccionar en consecuencia.

Y es que, lejos de llegar a una solución, a lo largo de este periodo la guerra comercial entre ambos países se ha venido complicando aún más, y cuando se muestran señales de casi llegar a una resolución al conflicto surge alguna declaración o un tuit que hace que se recrudezcan aún más las hostilidades entre ambos países.

Por lo pronto, la técnica de negociación ha sido la de extender una mano y en la otra mostrar el garrote. Así, la semana pasada el presidente Trump anunció que se está cerca de llegar a un acuerdo de lo que ahora han venido anunciando como la fase 1 de quizá varias fases más para concluir un acuerdo integral entre ambos países, pero dejó muy claro que son los chinos a los que les urge llegar a un acuerdo, ya que en su caso sólo acordará lo que sea más conveniente para su país, y por supuesto salió a relucir el garrote al declarar que de no llegarse a un acuerdo satisfactorio en el corto plazo, Estados Unidos procedería, una vez más, a incrementar aranceles a productos chinos, mientras que los chinos establecieron como condición para firmar la primera fase el retiro de los aranceles impuestos por Estados Unidos el pasado mes de septiembre.

Por lo pronto, el tiempo se agota, ya que estamos a escasas cuatro semanas para que se cumpla el plazo para llegar a un acuerdo, ya que de lo contrario el próximo 15 de diciembre Estados Unidos estaría aumentando aranceles en 15% sobre bienes de consumo chinos que incluyen videoconsolas, monitores de computadoras, adornos navideños y artículos de regalo, justamente en época de festividades de fin de año.

Hoy el mercado es optimista de que se llegue a un acuerdo, pero mañana todo puede cambiar, y mientras tanto el fantasma de una recesión global sigue presente, por lo que los bancos centrales han tenido que actuar en consecuencia, buscando relajar su política monetaria.

De esta manera, la Reserva Federal ya ha bajado su tasa de referencia tres veces este año para ubicarla en un rango de entre 1.5 y 1.75%, donde los futuros descuentan con una probabilidad de 99.3% que la FED mantenga su tasa sin cambios en la próxima reunión del 11 de diciembre.

Por su parte, el Banco Central Europeo ha dejado bien en claro que hará lo que sea necesario para evitar una recesión, e inclusive buscará herramientas adicionales o no convencionales. Por lo pronto, en varios países ya hay tasas negativas.

En nuestro país, el Banco de México ha hecho lo propio y ha decidido irse de la mano con la Fed al bajar la semana pasada por tercera vez en lo que va del año su tasa de referencia, para ubicarla en niveles de 7.5% contra 8.25% en que se ubicaba a inicios del año.

Todo lo anterior ha mantenido a los mercados estancados y observantes de lo que pueda suceder con la guerra comercial entre las dos potencias, más factores como el Brexit y las crisis que se han venido desarrollando en nuestra región en países como Chile y Bolivia, que simplemente vienen a generar mayor volatilidad en los mercados accionarios, de deuda, cambiarios y de materias primas.

México enfrenta numerosos retos por el entorno global e interno complicado, por lo que nuestra recomendación sigue siendo la de tomar coberturas.

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