Mercados desligados de la realidad

Autor: Director General GAMAA Derivados Alfonso García Araneda

El precio del crudo se ubica en niveles similares a febrero, tras haber cotizado en niveles por debajo de cero, hecho nunca antes visto, cuando la demanda de energéticos aún no se ha restablecido

No cabe duda que estamos enfrentando una de las más graves crisis que se hayan visto desde la gran depresión del siglo pasado y sin embargo, los mercados parecen haberse desligado del impacto que ha tenido el mantener la economía global en cuarentena ya por varios meses debido a la pandemia, sin que hasta el momento se tenga claridad sobre cuánto tiempo más durará la misma.

Se supone que la evolución de los mercados financieros depende directamente de la evolución de la economía. Si las economías son sanas y muestran señales claras de crecimiento, lo anterior se ve reflejado en buenos niveles de empleo que se traducen en una mayor demanda de productos y servicios, lo que automáticamente genera buenos resultados para las empresas que los ofrecen, y esto se ve reflejado en sus acciones que cotizan en Bolsa.

Lo anterior impacta positivamente en los principales índices accionarios, suben tasas de interés para tratar de evitar presiones inflacionarias, suben los precios de las mercancías y se fortalecen las divisas.

Por el contrario, si las condiciones económicas no son favorables, éstas deberían generar un claro impacto negativo en los mercados financieros, provocando caída en bolsas, disminución de tasas de interés, depreciación de divisas y pérdidas en el valor de los Commodities o mercancías.

Curiosamente este no ha sido el caso y para muestra un botón.

En Wall Street, el índice compuesto NASDAQ acumula ganancias en lo que va del año de 20.29 por ciento.

El precio del crudo se ubica en niveles similares a febrero, tras haber cotizado en niveles por debajo de cero, hecho nunca antes visto, cuando la demanda de energéticos aún no se ha restablecido, mientras que el precio del oro, refugio de inversionistas ante la incertidumbre, ha subido 28.54 por ciento en los últimos seis meses.

En el mercado de granos y cereales, los precios del trigo maíz y soya han subido, tan sólo en seis semanas, 6.50, 8.57 y 9.76%, respectivamente, cuando al día de hoy existe una amplia oferta de los tres productos. De hecho en el caso del maíz estamos probablemente ante una cosecha histórica.

Y el que por supuesto no se quiso quedar fuera de la fiesta alcista fue nuestro peso, el cual se ha apreciado 3.8% en lo que va del mes de septiembre, llegando a tocar niveles no vistos desde hace seis meses, afectando de manera importante los ingresos en pesos de la comunidad exportadora de nuestro país.

En todos los casos las alzas han sido justificadas más por eventos coyunturales que por fundamentales económicos.

Y es que la política monetaria laxa que han seguido los principales Bancos Centrales del planeta con el afán de reactivar la economía ha inundado de liquidez los mercados financieros, sin que necesariamente dichos recursos hayan llegado a los bolsillos de las personas, lo que ha venido a incrementar la volatilidad en los mercados.

Tan solo para que se den una idea, de acuerdo con un artículo de Bloomberg publicado el fin de semana, economistas de Bank of America Global Research han contabilizado al mes de julio, que los Bancos Centrales han recortado sus tasas en 164 ocasiones en 147 días y han inyectado liquidez en estímulos por 8.5 trillones de dólares.

En el caso de la Fed, su reacción fue igual a la de la crisis del 2008, solamente que en esta ocasión actuó más rápido y con mayor agresividad llevando su tasa de referencia a cero y extendiendo los apoyos a municipios, a empresas pequeñas y medianas, así como a grandes corporativos.

Como consecuencia de lo anterior, su hoja de Balance ahora es de 7 trillones de dólares versus 4 trillones que tenía en enero de este año.

El discurso nos habla de una nueva normalidad en la que estos estímulos y política acomodaticia llegaron para quedarse por un largo periodo tiempo, lo que significará gran liquidez en los mercados, que no necesariamente en la economía, y más canicas para los grandes jugadores de los mercados que estarán buscando baratas en que invertir alimentando así la volatilidad y generando burbujas en precios, que como suben, bajan.

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